Corría el año 4055 después de la Gran Era, la cual, para quien no lo sepa, comenzó con el auge de los viajes interespaciales.. Como bien imagináis, eso supuso uno de los mayores hitos de la historia de la humanidad ¡una auténtica revolución! Teníamos la posibilidad de viajar por otros mundos con la misma facilidad con la que una iba a comprar el pan, así de fácil. Encontraron numerosos planetas habitables, algunos con las mismas condiciones que la Madre (así llamamos ahora a la Tierra), y otros totalmente diferentes, pero igualmente podían albergar vida.
Sin embargo.. Hasta ahora no hemos encontrado a "nadie".. Como decía, el hecho de hacer tales descubrimientos provocó la expansión de la raza humana, miles de personas abandonaron a la Madre y se instalaron en pequeñas colonias de diversos y variopintos sistemas solares..
Regresando al tema inicial, corría el año 4055 de la Gran Era. La Colosus, una nave de investigación del tamaño del palacio de Buckingham se disponía a despegar desde la inmensidad del desierto de Arizona con rumbo a un planetoide situado en el sistema solar AK-54785 o también llamado más vulgarmente "Sistema Eris". No estaba especialmente lejos, pero la dificultad para acceder a él era mayor que cualquier otra. El motivo no era más que un gran cinturón de asteroides que rodeaban el sistema de una manera que casi parecía premeditada. Normalmente, una misión así habría supuesto demasiado peligro como para llevarse acabo y hubiera muerto antes de nacer... Pero ese planetoide sin nombre aún resultaba especialmente interesante, ya que los escáneres de la Madre habían detectado en primer lugar, una alta cantidad de materiales tremendamente útiles cuyos nombres no me pararé a mencionar, y segundo debido a las condiciones en las que estaba.. Era posible que ya albergara vida.
Obviamente, esta era una misión altamente secreta. Y resulta obvio por qué. Y ahora todos os pregutareis lo mismo: Si es secreta ¿cómo sabes tú esto?
Os responderé. Estáis leyendo la memoria de viaje de la Segunda de Mando de la nave Colosus, Dinae Varkala. Y encima, no os lo estoy contando todo ya que hasta a nosotros nos ocultan información.. Aunque esto último es una suposición, no estoy acusando al Consejo de mantenernos desinformados pero.. No sé. Hay cosas que no cuadran.
La nave despegó a las doce y cuarto del día siete de junio del mencionado año, sin problemas, sin percances. Los motores funcionaron, las placa antiradiación estaban fijas al casco. Los láseres de defensa funcionaban a la perfección.. Nada fuera de su sitio. Y así debería ser durante los dos meses que durara el viaje en aquella enorme nave.
La tripulación que alcanzaba la cifra de las 300 personas estaba comprendida desde mecánicos hasta biólogos. También había geólogos, químicos, físicos nucleares, médicos e informáticos.. Amén de pilotos, personal de seguridad y cuerpos especiales formados para la defensa de la Madre fuera de sus fronteras.. Muchos sentían ansiedad ya que jamás habían puesto un pie en lo Oscuro (parte del Espacio que no es visible con telescopios convencionales), temían todo cuanto pudiera haber, temían no ver más a sus familias, temían cualquier ligero temblor de la astronave, cualquier cosa.. Pero al primer mes, los ánimos fueron calmándose. Las risas ya tenían cabida entre los asépticos pasillos de la nave. Los lugares de descanso ya no parecían tan sombríos, los empleados jugaban a las cartas en aquel único espacio con gravedad, reían, comían, a veces bebían, cantaban y reían.
Pero días antes de que tocaran suelo se enfrentaban a la mayor de sus amenazas (al menos por el momento). El cinturón de asteroides. Un campo de minas de variados tamaños. Grandes o pequeñas formaciones rocosas, heladas en su mayoría, que se movían a una velocidad considerable aunque diera la impresión de estar quietas, colisionaban entre si y rebotaban, ejercían campos de gravitación entre ellas.. Algo caótico vamos. Y era aquí cuando los Primero y Segundo al Mando enseñaban de qué estaban hechos realmente.
Turbulencias, interferencias en las ondas de radio, fallos espontáneos en los sistemas eléctricos, sacudidas producidas por la brusquedad de los virajes.. Un infierno para muchos, pero pasó pronto.
Y lo más importante, salieron ilesos, tanto ellos como el soporte vital que era la Colosus. Dos días más tarde ya estaban entrando en la atmósfera del planetoide. Desde la altura presentaba colores verdes y parduzcos, difuminados, como si el cristal del Puente de Mando estuviera empañado y alterase su visión.
El aterrizaje fue un proceso lento y concienzudo, toda precaución era poca si se trataba no de un lugar. sino de un mundo absolutamente desconocido. Encontraron un terreno medianamente llano en el cual pudieron echar sus cabos de atraque con facilidad y aproximarse al suelo sin percances.
Una vez asegurados, los sensores del casco analizaron la composición del aire, los niveles de oxígeno, nitrógeno, dióxido de carbono, amoniaco, azufre.. Todos parecían aptos para que el ser humano pudiera caminar por su superficie sin problemas pulmonares, había algo más de gravedad de lo que hubieran querido.. Pero era soportable.
" Atención a tripulantes. Nos disponemos a desembarcar. Preparen los trajes. que un grupo de biólogos desembarquen junto a los cuerpos especiales. " La voz del Primero al Mando resonó por toda la astronave gracias a la megafonia. El Primero tenía por nombre Syrus Tamae, no era mucho más viejo que yo, pero ya era el Primero de una nave de expedición como esta, de tal tamaño y al mando de una misión tan importante como poco usual y peligrosa. Yo tenía 25, y él debía de rondar los 28, 29 como mucho.. Se le consideraba uno de los nuevos genios del siglo XLI d.g.e.
- Déjeme ir también. - Supliqué desesperada al Primero, no había aceptado el trabajo con la idea de quedarme encerrada en la Colosus durante todo el rato que durase su misión.
- Le repito que su trabajo está en la nave, Segunda. ¿Qué otros menesteres podría tratar ahí fuera? - Quiso saber él, tan distante e implacable como se decía.
- ¡No sólo soy auxiliar de vuelo estelar, también tengo formación como militar, uso de armas de fuego y por supuesto armas blancas! Además, llevo estudiando biología y química desde antes de aprender a andar. ¡Por el amor de dios, estudiaba la estructura del átomo cuando tenía diez años! ¡Se valerme por mi misma! - Exclamé dando un fuerte puñetazo sobre el panel de mandos, olvidando lo delicado que era. Syrus se quedó en un silencio casi sepulcral, temí haber disipado toda esperanza de salir con aquel arrebato de furia, pero cuan grata fue mi sorpresa cuando le oí decir que podría salir, pero debería llevar una escolta especial.. No dudaba de mis capacidades de autodefensa, pero no podía permitirse perder a un Segundo Mando.
Cuando escuché eso creí saltar de felicidad, pero contuve esa gran necesidad hasta que salí del Puente, entonces salté de pared en pared, rebotando como lo haría una pelota de goma en la Madre o en cualquier lugar con gravedad.