Lo
que os traigo ahora es solo un fragmento del primer capítulo de una
historia en la que llevo mi tiempo trabajando, aún le falta mucho y
además, últimamente los estudios me roban más tiempo del que querría,
amén de que tengo más historias en mente y en formación... La siguiente
tendrá mapa propio e incluso pequeños esbozos de los personajes.
Los
truenos resonaban como tambores de guerra que amenazaban con partir
aquel cielo plomizo en dos, aquel cielo que lloraba como nunca lo había
hecho, que descargaba su inmensa tristeza sobre una tierra que, incapaz
de competir contra él, se ahogaba y encharcaba.
A
su vez, una criatura bramaba junto a él, llorando en mucha mayor
medida, pero con una tristeza que hacía enmudecer a la del cielo llorón.
Asustado, un bebé de apenas pocas horas de vida lloraba en brazos de
una madre que apenas tenía fuerzas para sostenerlo en sus temblorosos
brazos. La vida se escapaba entre los labios de la mujer sin que ella
pudiera remediarlo, pero con palabras suaves, aún trataba de calmar a su
pequeño retoño. Cada palabra por pequeña que fuera se llevaba consigo
un pedazo de ese alma que era tan reclamada
por los dioses. ¿Por qué se habían empeñado en alejarla de su hija?
¿Por qué su alma y no cualquier otra? ¿Qué clase de suerte era la suya,
condenada a alumbrar vida y seguidamente morir?
Pero
a pesar de la situación de incertidumbre acerca de la voluntad de los
dioses, les rogó por lo que ellos masmás quisieran en este y otros
mundos, que a cambio de su alma salvaran a
la de su pequeña. Sería demasiado cruel arrebatarle la vida a una
criatura que ni siquiera tenía nombre aún. Su último aliento fue un
sencillo “te quiero” para su histérica pequeña, después, cerró los ojos y no volvió a despertar.
Como
ya dije, es muy poco lo que os presento, pero según coja confianza con
la manera en la que está escrito y la línea que sigue,os traeré el
capítulo entero. Ah, y volveré con Colosus, prometido. ¡Saludos!