miércoles, 16 de septiembre de 2015

Magic Words - Capítulo 2: Punto de inflexión

... Cuando le vio ... Lo primero en que se fijó fue en sus ojos. Aún en la espesa oscuridad de la habitación, podía verlos. Sin siquiera usar su visión como dragón.. Literalmente relucían, más que las esmeraldas de sus adornos, con quienes compartía color.. Pero no brillo. No podía verlas en la oscuridad, eran simples contornos oscuros.. Sin embargo, esos ojos que la observaban entre molestos y curiosos.. No se apagaban. Nunca lo hicieron y nunca lo harán.

— ¿Se puede saber por qué me has mordido?

El joven, que parecía ser algo mayor que ella, y sustancialmente más alto, se llevó la mano a los labios, entonces pudo ver una fina línea oscura deslizándose por el dorso de la mano. Sangre.. Es verdad.. Le había mordido, y además con saña.. Es posible que hubiese descargado contra él la rabia acumulada por aquellos que se ocupaban de ella..

— P-perdona.. Me has asustado ¡no se puede tratar así a.. !

Antes de terminar la frase, el dedo índice derecho de aquel chico desconocido se apoyó en sus labios. Otra vez el repiqueteo de las armaduras, el tintineo de las espadas al correr.. Posteriormente acalladas por un trueno que parecía amenazar la integridad del cielo, al parecer, esa tarde no solo iba a llover.

Ella no pudo evitarlo.. Tenía miedo. Siempre había temido las tormentas.. El ruido atronador, la lluvia incesante, viento que aullaba como una manada de lobos hambrientos.. Pero era un dragón, o eso la decían. No debía temer algo así, tenía que ser fuerte. Solo era ruido, agua y aire.

... Pero esta vez fue diferente. Hoy.. Tenía a alguien, aunque no le conocía, que parecía no tenerle miedo alguno, que incluso, la había ayudado. Esta vez, cuando el cielo bramó, se asustó, escondió el rostro en el hombro del contrario y se sujetó a su brazo, para sorpresa del chico.

Éste no parecía tener claro qué hacer, tampoco estaba habituado a tener a alguien.. Tanto tiempo viviendo solo tenía sus consecuencias. Lentamente alzó el brazo contrario y le acarició torpemente la cabeza, estaba nervioso, y ni siquiera sabía por qué. Solo era una niña asustada por una tonta tormenta.. Una niña que por cierto, era perseguida por los guardianes de Freylea.. Iba demasiado arreglada para ser una vagabunda, y no tenía pinta de ser una niña especialmente problemática.. ¿Qué tendría para ser buscada con tanto ahínco?

Kysara permaneció unos minutos así... Ninguno se atrevía a hacer nada, de poder, ni siquiera respirarían, y mucho menos se atrevieron a hablar. Lentamente, ella fue alzando el rostro y apartándolo del cuerpo ajeno. Le hubiera gustado seguir así... Un ratito, un poco más. Nunca hubiera creído que el contacto con otra persona podía llegar a ser tan... Cálido, tan agradable.

Ambos suspiraron, se miraron a los ojos, y en un súbito arranque de vergüenza apartaron la mirada, cada uno a un punto alejado del otro.

— Aún no me has explicado por qué me mordiste.

Dijo por fin, rompiendo ese tenso silencio, mientras abría y cerraba una mano entumecida y levemente hinchada por el traumatismo... Porque un mordisco de ese calibre no se quedaba únicamente en marcas de dientes. El moratón y el dolor de los siguientes días no se lo quitaría nadie.

— ¡Me asustaste! Agarraste a Kysara de repente y la arrastraste sin más.. Pero Kysara lo siente, estaba... Enfadada.

Se disculpó agachando la cabeza, frotando frenéticamente el mitón que cubría su mano derecha, suspirando pesadamente, aunque el chico no se dio cuenta de ese pequeño detalle.

El joven sin nombre la observó de arriba a abajo, le parecía... Una niña curiosa. Quizá ella no lo supiera, pero esos ojos azules eran hipnóticos.. Podría ser..

Sacudió varias veces la cabeza, para así despejarse y no pensar en esas cosas.. Tenía claras sus prioridades, y ella no figuraba en su lista.

— Hah.. No importa, Kysara.. Te llamas así ¿no? ¿Por qué te perseguían? No tienes pinta de delincuente, demasiado ingenua.. Ni vagabunda, vas demasiado bien vestida..

Preguntó levantándose para encender una pequeña lámpara. La tenue luz de ésta iluminó una estancia limpia, casi vacía, era la simpleza hecha realidad... Pero era extrañamente... Acogedora. Confortable. Daba la sensación de que estaba la mayor parte del tiempo a oscuras. Después de iluminar la estancia, se acercó a un pequeño armario y extrajo un trozo de tela, que no dudó en romper convenientemente para luego cubrirse burdamente la herida.

— ¿I-ingenua..? Bueno.. No quería estar en el palacio.. Pero eso no lo entienden. Nunca me dejan salir..

Murmuró algo avergonzada, frotándose el hombro, sintiéndose enormemente culpable por haber sido tan agresiva con él. El chico, por su parte, acababa de llevarse una sorpresa importante.. ¿Vivía en el palacio? Que él supiera.. Theon no tenía hijas, y no había llegado ninguna diligencia.. Podía ser una cortesana, pero le parecía demasiado joven, y ni siquiera las favoritas podían permitirse esas ropas.. ¿Quién era ella..?

Tan absorto estaba en sus pensamientos, que ni siquiera se dio cuenta de que se había quedado inmóvil y en silencio.. No se enteró ni de que la misteriosa chica le había preguntado su nombre. Hizo falta que le preguntara al menos tres veces.

— Yo... Bueno. Supongo que no importa que te lo diga, me hago llamar... Tênsa.

El joven sonrió y realizó una profunda y teatral reverencia. Y ella... Ella por primera vez en mucho tiempo volvió a reír. Ambos rieron.. Ese... Ese fue el principio de una gran amistad..

El principio de algo grande.

martes, 15 de septiembre de 2015

Magic Words - Capítulo 1: Freylea, un mundo de leyenda

¿Cuando empieza esto? Pues.. Lo cierto es que no está claro, pues fue hace tanto tiempo que ya casi no se tiene recuerdo de ello. Pero si se sabe la historia, quien sabe por qué.

Todo empezó hace mucho, mucho tiempo, en un reino conocido como Freylea. Se podría decir, que era el reino de la biodiversidad, pues allí era donde podíais encontrar todo tipo de seres, razas, mestizos. Incluso de los que eran ajenos a este reino.. Sin embargo, eran los dragones los seres legendarios por excelencia, eran respetados y en algunas y mas radicales ocasiones, adorados. Todo se debía a una vieja leyenda, la cual contaba que en un futuro, sería un dragón quien salvaría al mundo de un fin inminente. Este sería Hiryuu, el Dragón Rojo, también conocido como... El Dragón del Génesis. Esto había sido un vaticinio de los Antiguos, seres que llevaban viviendo en el mundo antes de que este se dividiera en reinos. Por ello nadie ponía en duda esa creencia.. ¿Quien sabría mejor del futuro que alguien que había vivido toda la Historia?

Dicha leyenda se cumplió el día en un particular huevo fue puesto ante el rey Theon II. Nadie fue capaz de negar lo que había ante ellos, un auténtico huevo de dragón. Pero.. La gran incógnita era ¿por qué estaba allí? Los dragones nunca abandonaban sus crías, eran progenitores realmente fantásticos. Grandes educadores y fieros defensores de sus crías, y además grandes madres adoptivas.. Nunca habrían dejado a uno de los suyos allí. 

El desconcierto en palacio era rotundo, todo estaba manga por hombro. ¿Qué debían hacer? ¿Llevarlo al Atalaya o cuidarlo? Ambas eran opciones peligrosas.. El Atalaya era un lugar casi impracticable para cualquier raza, y estar al cargo de un dragón.. Con decir eso bastaba. 

La decisión fue unánime. Deberían llevar tan extraña noticia a los Antiguos, su respuesta sería la más acertada fuera cual fuera. Pero antes de que una partida pudiera internarse en el Bosque de los Susurros, en cuyo interior estaba el hogar de los Antiguos, ellos ya estaban allí.

Una comitiva de seres de aspecto vegetal irrumpió silenciosamente en la sala del Trono, donde asesores, consejeros, cortesanos y cortesanas, y el mismo rey Theon II se reunían alrededor del misterioso huevo.

La sorpresa fue mayúscula, pero nadie se atrevió a decir nada. Aquellos extraños y longevos seres se habían retirado hace mucho tiempo hacia la profundidad del bosque.. Rara vez salían. Tenía que deberse a algo realmente importante.

Y esta situación... No era menos. Tras unos tensos minutos se pronunciaron, y para anunciar el inminente nacimiento de Hiryuu, el Dragón Rojo. 

La noticia dejó al palacio conmocionado, aún más si cabía. La tensión durante los dos días siguientes podía cortarse con un cuchillo... No solo debían ocuparse de un dragón, sino que además, este era el vaticinado por una vieja leyenda. Tenían miedo, eso era obvio. 

El huevo era celosamente custodiado, el esfuerzo para mantener su temperatura era sobre humano.. Pero tras dos días, obtuvieron su recompensa. A media mañana, la gruesa y escamosa cáscara empezó a agrietarse. No tardaron en dar la voz de alarma, y pronto todo el palacio se había reunido en torno a él.
Primero cayó un trocito, luego otro más.. Una mano humana apareció por uno de los huecos, y de una pequeña patada la niña que yacía en su interior se liberó de su prisión. Lo primero que hizo fue bostezar y estirarse lenta y parsimoniosamente.
Si. Del interior de un huevo de dragón había surgido una niña. No un bebé. Una niña. ¿Qué edad tendría? Parecía que.. Seis años, de cabello rubio intenso en las raíces, y rojo sangre en las puntas. Sus ojos azules.. Había algo. Esas pupilas verticales tenían algo.. Diferente.

Esta se parecía desconcertada, somnolienta.. No. Definitivamente no parecía un dragón. Alguien hizo acopio de valor y decidió recogerla. Su mero contacto quemaba, pero se las ingeniaron para poder llevársela. 

La habían visto nacer de un huevo de dragón.. ¡Pero era imposible! Lo que había ante ellos no tenía escamas, ni alas, ni se parecía a nada que hubieran visto con anterioridad... Pero a base de repetirlo, de esforzarse en comprender, todos admitieron a esa niña como Hiryuu, el Dragón Rojo del Génesis.

... ¿Y ahora qué? ¿Cómo debían actuar? Esperar a que todo ocurriera, sería demasiado despreocupado, pero potenciar sus habilidades podía ser una temeridad. Sin padres que le impusieran autoridad.. Todo podía volverse un caos. 

Y no sólo se enfrentaban a un dragón. También a una niña. Y todos sabían como eran los niños, impulsivos, revoltosos, curiosos y... Y sobretodo daban mucho trabajo.  

Dudaron en enviarla con los Antiguos... Pero eso implicaría alejarla de la corte y vigilancia. Y Theon.. Theon no quería perderla de vista, y más tras la sentencia de que ella sería la heredera del reino. Ella era ahora la princesa, la Princesa Dragón, por encima de cualquier vínculo de sangre por muy cercanos que fuesen.. 

La decisión se tomó rápidamente, aunque con muchas oposiciones.. Asignarían un grupo que se encargaría de su cuidado, educación y vigilancia. Entre matronas, profesores, educadores y guardianes trataban de ocuparse de ella de la mejor manera posible.. Pero la pequeña dragón, bautizada como Kysara, nunca se sintió cómoda.. El miedo nunca desapareció de sus corazones, y pese a los intentos, jamás se sintió querida.. Y jamás los aceptó. Nunca le dieron motivos para ello. La distancia que imponían entre ellos y la niña afectaba gravemente a su comportamiento. Su carácter manso y generalmente apacible tanto con ellos como con otras personas comenzó a cambiar... Se tornó mas agresiva, eran frecuentes los mordiscos y las rabietas, se rehusaba a seguir sus deberes, y las patrullas buscándola por la ciudad anexa al palacio se volvieron algo rutinario.. Simplemente no soportaba vivir allí sin nadie a quien llamar amigo, alguien a quien apreciar..
Hasta que un día le conoció.

Fue uno cualquiera, no había realmente nada que destacar... El cielo estaba encapotado, apenas un tenue resplandor permitía localizar al sol tras la capa de nubes. Una vez más, después de saltar las murallas y dar esquinazo a sus habituales perseguidores, vagaba malhumorada por unas calles vacías ante el aviso de lluvia. Hacía tiempo que no se sentía feliz, ni todos los juguetes o joyas del mundo le sacaban una sonrisa.. Porque ella no quería nada de eso.. Solo quería un amigo. Uno solo. Era lo único que pedía..
Sonidos de armaduras la alertaron de que los soldados venían por ella, y no dudó en dar marcha atrás y correr. Correr cuanto podía, no quería que la vieran.. Pero el grito de alarma de confirmó que había sido demasiado lenta.
Les escuchaba llamarla y correr tras ella.. Hasta le pareció escuchar el ruido de una espada siendo desenvainada.. Cuando estaba segura de que iba a ser alcanzada una vez más, algo o alguien la empujó a una casa justo cuando doblaba una esquina.
Una mano le cubría los ojos, otra los labios, seguramente para evitar que gritase.. Y casi por acto reflejo, clavó los colmillos en esa mano que la amordazaba. Quien fuese no gritó, solo esperó.. Esperó a dejar de oír el tintineo de las armaduras y entonces la soltó, resollando por el dolor de un mordisco tan fuerte como gratuito.

Cuando Kysara le vio..