... Cuando le vio ... Lo primero en que se fijó fue en sus ojos. Aún en la espesa oscuridad de la habitación, podía verlos. Sin siquiera usar su visión como dragón.. Literalmente relucían, más que las esmeraldas de sus adornos, con quienes compartía color.. Pero no brillo. No podía verlas en la oscuridad, eran simples contornos oscuros.. Sin embargo, esos ojos que la observaban entre molestos y curiosos.. No se apagaban. Nunca lo hicieron y nunca lo harán.
— ¿Se puede saber por qué me has mordido?
El joven, que parecía ser algo mayor que ella, y sustancialmente más alto, se llevó la mano a los labios, entonces pudo ver una fina línea oscura deslizándose por el dorso de la mano. Sangre.. Es verdad.. Le había mordido, y además con saña.. Es posible que hubiese descargado contra él la rabia acumulada por aquellos que se ocupaban de ella..
— P-perdona.. Me has asustado ¡no se puede tratar así a.. !
Antes de terminar la frase, el dedo índice derecho de aquel chico desconocido se apoyó en sus labios. Otra vez el repiqueteo de las armaduras, el tintineo de las espadas al correr.. Posteriormente acalladas por un trueno que parecía amenazar la integridad del cielo, al parecer, esa tarde no solo iba a llover.
Ella no pudo evitarlo.. Tenía miedo. Siempre había temido las tormentas.. El ruido atronador, la lluvia incesante, viento que aullaba como una manada de lobos hambrientos.. Pero era un dragón, o eso la decían. No debía temer algo así, tenía que ser fuerte. Solo era ruido, agua y aire.
... Pero esta vez fue diferente. Hoy.. Tenía a alguien, aunque no le conocía, que parecía no tenerle miedo alguno, que incluso, la había ayudado. Esta vez, cuando el cielo bramó, se asustó, escondió el rostro en el hombro del contrario y se sujetó a su brazo, para sorpresa del chico.
Éste no parecía tener claro qué hacer, tampoco estaba habituado a tener a alguien.. Tanto tiempo viviendo solo tenía sus consecuencias. Lentamente alzó el brazo contrario y le acarició torpemente la cabeza, estaba nervioso, y ni siquiera sabía por qué. Solo era una niña asustada por una tonta tormenta.. Una niña que por cierto, era perseguida por los guardianes de Freylea.. Iba demasiado arreglada para ser una vagabunda, y no tenía pinta de ser una niña especialmente problemática.. ¿Qué tendría para ser buscada con tanto ahínco?
Kysara permaneció unos minutos así... Ninguno se atrevía a hacer nada, de poder, ni siquiera respirarían, y mucho menos se atrevieron a hablar. Lentamente, ella fue alzando el rostro y apartándolo del cuerpo ajeno. Le hubiera gustado seguir así... Un ratito, un poco más. Nunca hubiera creído que el contacto con otra persona podía llegar a ser tan... Cálido, tan agradable.
Ambos suspiraron, se miraron a los ojos, y en un súbito arranque de vergüenza apartaron la mirada, cada uno a un punto alejado del otro.
— Aún no me has explicado por qué me mordiste.
Dijo por fin, rompiendo ese tenso silencio, mientras abría y cerraba una mano entumecida y levemente hinchada por el traumatismo... Porque un mordisco de ese calibre no se quedaba únicamente en marcas de dientes. El moratón y el dolor de los siguientes días no se lo quitaría nadie.
— ¡Me asustaste! Agarraste a Kysara de repente y la arrastraste sin más.. Pero Kysara lo siente, estaba... Enfadada.
Se disculpó agachando la cabeza, frotando frenéticamente el mitón que cubría su mano derecha, suspirando pesadamente, aunque el chico no se dio cuenta de ese pequeño detalle.
El joven sin nombre la observó de arriba a abajo, le parecía... Una niña curiosa. Quizá ella no lo supiera, pero esos ojos azules eran hipnóticos.. Podría ser..
Sacudió varias veces la cabeza, para así despejarse y no pensar en esas cosas.. Tenía claras sus prioridades, y ella no figuraba en su lista.
— Hah.. No importa, Kysara.. Te llamas así ¿no? ¿Por qué te perseguían? No tienes pinta de delincuente, demasiado ingenua.. Ni vagabunda, vas demasiado bien vestida..
Preguntó levantándose para encender una pequeña lámpara. La tenue luz de ésta iluminó una estancia limpia, casi vacía, era la simpleza hecha realidad... Pero era extrañamente... Acogedora. Confortable. Daba la sensación de que estaba la mayor parte del tiempo a oscuras. Después de iluminar la estancia, se acercó a un pequeño armario y extrajo un trozo de tela, que no dudó en romper convenientemente para luego cubrirse burdamente la herida.
— ¿I-ingenua..? Bueno.. No quería estar en el palacio.. Pero eso no lo entienden. Nunca me dejan salir..
Murmuró algo avergonzada, frotándose el hombro, sintiéndose enormemente culpable por haber sido tan agresiva con él. El chico, por su parte, acababa de llevarse una sorpresa importante.. ¿Vivía en el palacio? Que él supiera.. Theon no tenía hijas, y no había llegado ninguna diligencia.. Podía ser una cortesana, pero le parecía demasiado joven, y ni siquiera las favoritas podían permitirse esas ropas.. ¿Quién era ella..?
Tan absorto estaba en sus pensamientos, que ni siquiera se dio cuenta de que se había quedado inmóvil y en silencio.. No se enteró ni de que la misteriosa chica le había preguntado su nombre. Hizo falta que le preguntara al menos tres veces.
— Yo... Bueno. Supongo que no importa que te lo diga, me hago llamar... Tênsa.
El joven sonrió y realizó una profunda y teatral reverencia. Y ella... Ella por primera vez en mucho tiempo volvió a reír. Ambos rieron.. Ese... Ese fue el principio de una gran amistad..
El principio de algo grande.